Podemos pierde la calle

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De abuchear a ser abucheado. La creciente contestación social es vista con preocupación en el partido de Iglesias y Echenique. Aragón es sintomático: el botón de muestra, las pitadas contra Santisteve

 

Las movilizaciones callejeras de la marca 15-M y aledaños fueron elabono que permitió germinar a Podemos, comunismo reconvertido bajo el lema de la «regeneración» y de «la nueva política». La calle -y el posterior espaldarazo televisivo- supuso el primer y esencial trampolín para el proyecto neocomunista liderado por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón o Pablo Echenique. Ahora, apenas tres años después de aquel fulgurante ascenso al calor de las movilizaciones ciudadanas, en la cúpula de Podemos ven con preocupación el arrinconamiento que están sufriendo a pie de calle.

Lo que está ocurriendo en Zaragoza es sintomático. Lo sabe de primera mano Pablo Echenique, hasta hace unos días líder regional de Podemos y ahora centrado exclusivamente en la política nacional. Echenique ha dejado el timón del partido en Aragón cuando sus filas andan por estas tierras en sus horas más bajas. El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, es el más elocuente botón de muestra de una situación que inquieta en la cúpula de Podemos.

De abuchear a ser abucheados. De aplaudir -y hacer- escraches a soportarlos. De gritar consignas en concentraciones de «indignados» a ser objeto de indignación en protestas públicas a pie de calle. Es el rápido tránsito que han recorrido Santisteve y los suyos. Su imagen fue erosionándose pocos meses después de llegar a la alcaldía con el apoyo del PSOE -el «caso de la gomina», sus controvertidas declaraciones sobre el terrorismo, la gestión de la ciudad, los gastos en viajes…-. Pero nunca hasta ahora se había visibilizado la contestación social contra Santisteve a pie de calle. La mecha la ha encendido la postura del alcalde zaragozano -y de Podemos y sus órbitas- ante el golpe independentista de Cataluña.

Al igual que los directivos del márketing, que usan Zaragoza como «laboratorio» social en el que testear el lanzamiento de productos de lo más diverso, Pablo Echenique siempre ha tenido claro que Aragón es un certero banco de pruebas también para la política. «Aragón es nustro Ohio» se titula un libro sobre comportamiento electoral. Al igual que Ohio permite predecir el resultado en el conjunto de Estados Unidos, tradicionalmente el comportamiento electoral de Aragón ha acostumbrado a coincidir con el cómputo global de España. De ahí que en Podemos cunda preocupación por esa contestación social que siente Santisteve, conscientes de que eso no es una crisis local sino un indicador de cómo anda la percepción de Podemos en el conjunto de España.

Flirteos independentistas

Los flirteos de Podemos y de sus franquicias municipales con el independentismo han hecho aflorar en la calle un creciente rechazo. En Zaragoza se está viviendo con insistencia desde hace semanas. Primero fue la espontánea y considerable concentración ciudadana ante el pabellón que, el 25 de septiembre, acogió -con Santisteve de anfitrión- la polémica asamblea organizada por Pablo Iglesias junto a partidos nacionalistas e independentistas. El alcalde, los dirigentes regionales de Podemos y el propio Iglesias pusieron el grito en el cielo por aquella movilización y la aprovecharon para cargar contra el Gobierno, por entender que no había suficiente policía. En las redes no tardaron en replicarse los mensajes recordándole a Podemos su nativa querencia por los escraches, por las «mareas», por vocear la «indignación» en la calle «democráticamente».

El segundo episodio se produjo el pasado jueves, en la Plaza del Pilar, la misma en la que Santisteve y los suyos se dieron un baño de afines multitudes el día que fue investido alcalde. Poco más de dos años después, el jueves soportó el más sonoro abucheo desde que se adentró en la política. Con gritos pidiendo su dimisión, Santisteve aguantó una pitada de órdago cuando apareció para participar en la tradicional celebración de la Guardia Civil en honor a su patrona, la Virgen del Pilar.

Y no solo la calle se le revuelve a Podemos. También se le complican las aguas de internet, otra de sus plataformas esenciales. De nuevo Zaragoza se ha convertido en botón de muestra: en cuestión de 48 horas, casi 100.000 personas se movilizaron en una campaña de recogida de firmas por internet en contra de que la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acudiera este sábado a recoger la medalla de oro que el Pleno del Ayuntamiento zaragozano le ha concedido a la Ciudad Condal y a Cambrils en homenaje a las víctimas de los atentados yihadistas de agosto.

Desmovilización en sus propias bases

Para rematar el panorama, la semana deja otro dato preocupante para el partido de Echenique: las primarias celebradas en Aragón para buscarle sucesor han desvelado la estrepitosa desmovilización de las otrora visibles bases de partido. En esta región, los registros de Podemos dicen que hay más de 15.000 inscritos -equivalente a afiliados o simpatizantes activos-; sin embargo, solo votaron en las primarias 1.610, una debacle en participación si se tiene en cuenta que en las de 2015, cuando Echenique fue elegido líder regional del partido, votaron más de 5.000 personas.

Zaragoza es una de las ciudades de las «alcaldías del cambio» de las que presumió Podemos tras las elecciones municipales de 2015, usada como rampa de lanzamiento del partido hacia las elecciones generales de finales de aquel mismo año. El partido de Iglesias articuló esas franquicias municipales como soporte de sus aspiraciones electorales a nivel estatal. De ahí que, ahora, cuando la calle se le vuelve en contra en Zaragoza, vean con especial temor el fenómeno. Una inquietud que se extiende al Madrid de Manuela Carmena o al incierto futuro político al que se asoma también Podemos con la influencia de la barcelonesa Ada Colau.

 

Written by une


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